Frases de manuales: “Asegúrese de que el texto es/sea correcto”

Estos días comentaba con los compañeros una cuestión que suele aparecer de vez en cuando. Tras indagar un poco, parece que la gramática española nos da la respuesta definitiva, por lo que aprovecho para colgarla por aquí por si a alguien le sirve de ayuda.

Algunas de las expresiones más recurrentes con las que nos topamos los traductores en cualquier manual en inglés son aquellas en las que se insta al usuario a comprobar alguna cosa antes de hacer otra. Son muy frecuentes en las secciones de resolución de problemas o en las instrucciones paso a paso.

El esquema suele ser “Before this” + “do that” o viceversa. Incluyen verbos como “make sure”, “check”, “revise”, etc., que vienen a indicar, por lo general, que se debe verificar que una situación determinada es cierta.

Por ejemplo, si nos encontramos con “Before leaving the house check that the door is locked”, una opción podría ser: “Antes de salir de casa, compruebe que la puerta esté cerrada”, aunque no pocas veces se ve traducido así: “Antes de salir de casa, compruebe que la puerta está cerrada”.

Según la Nueva gramática de la lengua española, al emplear el subjuntivo en este tipo de expresiones se induce un matiz de verificación que no está presente con el indicativo.

Indicativo/subjuntivo

A la hora de traducir al español, es el traductor el que debe determinar qué matiz se percibe en el original, puesto que en inglés no existe una marca gramatical para diferenciar entre indicativo y subjuntivo. De modo que siempre que nos topemos con una expresión de este tipo tenemos que optar por un caso u otro.

Tal y como están redactados los manuales, el matiz más habitual suele ser el de verificación, es decir, el usuario o lector debe asegurarse de que esa situación se produce o no. Retomando el ejemplo puesto al principio y siguiendo la explicación dada por la RAE, “Antes de salir de casa, compruebe que la puerta está cerrada” implicaría que si no lo está, tampoco tenemos que hacer nada. Por el contrario, empleando el subjuntivo en “Antes de salir de casa, compruebe que la puerta esté cerrada” sí que tendríamos que cerrar la puerta en caso de que no lo estuviese.

Dado que el matiz de verificación es el más habitual, también podríamos ir más allá, simplificar un poco y emplear directamente el imperativo con la acción principal: “Antes de salir de casa, cierre la puerta”, aunque esto no siempre es posible.

El éxito: dinero, perfección y predicación

El éxito: dinero, perfección y predicación

Justo antes de irme a dormir me he topado con esta reflexión de Seth Godin:

Successful freelancers need to charge at least double the hourly rate that they’d be happy earning doing full time work. (In many fields, it’s more like 4 or 5x).

And they need to spend at least half their time getting better at their craft (and helping the market understand and appreciate what they do).

Your mileage may vary, but one sure route to becoming an unhappy freelancer is charging just enough and hoping that the low price will keep you busy all the time.

Y me ha llamado la atención porque creo que estos tres pilares del éxito pueden aplicarse tanto a autónomos como a asalariados:

  1. El dinero que ganas (obsérvese la diferencia entre ganar y cobrar/ingresar) forma parte del éxito que tengas como profesional (autónomo o no). No porque tengas que ganar una millonada (a todos nos gustaría, ¿no?), la cosa está más bien en que ganar más dinero del que necesitas para subsistir te permite ahorrar. La estabilidad laboral es una quimera en la sociedad actual, de modo que no nos queda otra que aspirar a la estabilidad financiera, como si fuéramos una empresa, vamos.
  2. Al menos necesitas emplear la mitad de tu tiempo en mejorar tus habilidades por un lado y, por otro, en educar a tus clientes/jefes (presentes y futuros) para que sepan apreciar lo que haces. Si no te mantienes al día, tu competencia te adelantará tarde o temprano. Y si no te haces valer ante tus clientes o tus jefes ni tampoco tienes claro qué valor aportas al mundo, nadie te va a regalar nada por muchos títulos, conocimientos o experiencia que tengas a tus espaldas. Ser conformista no es una opción para los que quieren sobrevivir.

 

 

Cómo presupuestar una revisión o transcripción (o cualquier otro trabajo por horas)

Esta semana me preguntaba mi amigo João cómo se podía presupuestar una revisión y he pensado que sería útil compartir aquí algunas ideas que le comenté. Además, también pueden aplicarse a las transcripciones o cualquier otro trabajo por horas, ya que se trata de un método en el que se pretende establecer previamente el número de horas que nos llevará el trabajo y poder dar así un presupuesto cerrado.

Presupuesto revisión o transcripción

  1. Pedirle al cliente, tanto si es directo como agencia, el documento en cuestión. En caso de que sea una transcripción, necesitaremos el vídeo o el audio correspondiente.
  2. Delimitar y aclarar con el cliente el objeto del encargo. Con los términos “corrección” y “revisión” suele haber bastante confusión, de modo que no está de más que confirmemos de qué tipo de trabajo se trata. Quizá a los clientes directos haya que explicarles la diferencia, pero si cumplimos con este paso nos podemos ahorrar más de un disgusto. Con las transcripciones, entre otras cosas, conviene ponerse de acuerdo con el formato que se va a utilizar y asegurarnos de que vamos a incluir todos los datos que el cliente necesita.
  3. Examinar el documento y hacer una prueba con una muestra. Aquí está el quid de la cuestión. ¿Cuánto tiempo tardamos en revisar una página (unidad útil para documentos en Word, por ejemplo)? ¿Cuántas palabras (unidad preferible con otros documentos como Excel o PowerPoint) revisamos en 15 minutos? Si se trata de una transcripción, ¿cuántos minutos soy capaz de transcribir con 10 minutos de trabajo? En función de la prueba que hayamos hecho y del documento, tendremos resultados como:
      • Una página revisada cada 10 minutos.
      • 600 palabras revisadas cada 15 minutos.
      • Un minuto de audio/vídeo transcrito cada 10 minutos.

Es muy importante que hagamos la prueba anterior siempre y que no nos fiemos de las medias de trabajos anteriores. Puede haber textos muy bien escritos que apenas que tengamos que revisar y puede que haya otros que nos lleven más tiempo. Con las transcripciones ocurre lo mismo: en función de la calidad del sonido, de la temática y de la vocalización de las personas que hablen, el tiempo que tardemos se puede disparar.

Una vez tengamos nuestros datos, solo es cuestión de hacer cálculos:

    • Una página cada 10 minutos = Seis páginas/hora. ¿Cuántas páginas en total tiene el documento? Supongamos que 100. Pues si dividimos el total de páginas (100) entre la media por hora (seis) y tendremos el total de horas que tardaremos en realizar el trabajo:  17 (con redondeo al alza).
    • 200 palabras cada 15 minutos = 800/ hora. ¿Cuántas palabras en total tiene el documento? Supongamos que son unas 60.000 palabras. Divididas entre la media por hora (800) nos da un total de 75 horas.
    • Un minuto de audio/vídeo transcrito cada 10 minutos = seis minutos/hora. Si la grabación dura 60 minutos, los dividimos entre la media por hora (seis) y obtenemos un total de 10 horas de trabajo. Con las transcripciones siempre nos sorprendemos de lo mucho que se tarda en hacerlas. ¡Con lo fácil que parece!

Con el resultado en horas, ya es solo cuestión de aplicar nuestra tarifa horaria para obtener el presupuesto final: Número de horas x tarifa horaria = PRESUPUESTO FINAL.

¿Qué os parece el método de azafata del Un, dos, tres?

Translators’ epic split

We have had our ups and downs, our fair share of ridiculous rates and impossible deadlines. That’s what made us what we are today. Now we stand here before you. What you see are bodies crafted to perfection with hands engineered to defy the laws of typing and a mindset to provide you the most epic of translations.

Translators' epic split
Only professionals provide epic translations

Gracias al Gascón Jurado por enseñarme el vídeo.

Curso: Cómo vender servicios de traducción (V) – Sondeo de mercado

Sondeo de mercado
Sondeo de mercado

Semana 2 – Día 2

Existen muchas técnicas para ponernos en contacto con clientes potenciales. Cada día, nosotros mismos somos objetivo de cientos de empresas que nos bombardean con su publicidad. Echad un vistazo a vuestras cuentas de correo no deseado. O consultad por un momento los anuncios que Facebook muestra a la derecha. Al igual que el telemarketing, la eficacia de enviar correos electrónicos a mansalva o infestar Google o Facebook con tus anuncios se basa en el volumen: hay que dar mucho la brasa a mucha gente para que alguien pique.

Si algo bueno tienen las técnicas tipo “dar la brasa” es su comodidad: son muy automatizables y no requieren mucho esfuerzo. Por eso mismo, su parte negativa es que la inmensa mayoría hace lo mismo. De modo que, al final, su eficacia queda bastante en entredicho. Confesad: ¿realmente leéis todos los mensajes publicitarios que os llegan al buzón de correo? Por muy pesado que se ponga Amazon…

Para un traductor autónomo, pasarse el día mandando correos a todas las agencias de traducción que encuentre puede ser útil siempre y cuando se envíen muchísimos. Se dice que los contactos a puerta fría responden en torno a un 1%… Así que echad cuentas.

Además, conviene recordar la ley de protección de datos y las multas que nos pueden caer por enviar información comercial no deseada. Sí, esos correos masivos que todos hemos enviado alguna vez a las direcciones de info que miles de agencias de traducción ponen en su web son correo no deseado.

Si todavía no hemos hablado con ningún cliente ni tenemos un retrato robot de nuestra “víctima”, es mejor que esperemos hasta saber realmente a quién tenemos que dirigirnos, cómo, en qué medio, etc. y que hagamos del spam el último recurso. Mandar spam por mandarlo, como que no.

¿Y qué es lo que se debería hacer? Dejarse de automatismos, misivas virtuales y salir a la calle al encuentro con los clientes que hemos definido anteriormente como clientes potenciales. Tenemos que preguntarles si realmente están dispuestos a pagar por nuestras traducciones o no, a qué precio, etc.

Es lo que actualmente se llama “validar la idea” (“sondear el mercado” de toda la vida).

¿Y eso cómo se hace? Básicamente se trata de acercarnos a la presa de la forma más natural posible, mejor si es en su propio hábitat. Hace falta mucha paciencia y apenas se puede automatizar nada: tienes que estar tú ahí sudando la gota gorda y hablando cara a cara con tus clientes.

Pongamos un ejemplo sencillo. Imaginad una empresa que quiera ofrecer servicios a traductores, ¿adónde tendría que acudir para conocer a su mercado y sondearlo? ¿Dónde nos congregamos los traductores (tanto virtual como presencialmente)?

En lugar de enviar nuestro currículo por correo electrónico a un despacho de abogados que ni siquiera sabes si necesita traducciones (¿lo leerá alguien? ¿les sonará a chino?), ¿por qué no acudes con tus tarjetas a alguna charla que se organice en el Colegio de abogados? En el turno de preguntas, no te cortes: haz alguna interesante y aprovecha para presentarte y decir a qué te dedicas. Si alguno de los presentes necesita o ha necesitado un traductor, seguramente se acercará a ti para pedirte tu tarjeta. True Story.

En estas primeras tomas de contacto, en lugar de vendernos sin remordimientos, es más recomendable que hagamos muchas preguntas y nos interesemos por la experiencia del cliente potencial. ¿Suele necesitar traducciones? ¿A qué idiomas? ¿Son encargos muy voluminosos? ¿Los necesita de un día para otro? ¿Cuánto ha pagado por las traducciones? ¿Ha trabajado con agencias?

Seguramente nos encontraremos con respuestas y anécdotas de lo más variopintas, pero todo nos será útil para valorar el mercado. Incluso alguien nos dirá qué ya existe Google Translate. Paciencia. Es normal. Con el tiempo aprendes a tomarte estas cosas con humor y hasta te suponen un reto interesante.

Es muy importante hacer preguntas y estar atentos a todos los detalles que nos puedan dar. Quizá descubramos algún nicho que desconocíamos o que no hay mucha demanda de nuestra especialización. La información que recabemos nos servirá para perfilar a nuestro cliente ideal, ese es el fin último de nuestra investigación: saber quién es, cómo es, qué piensa, qué hace, qué aficiones tiene, etc. la persona que va a contratar nuestros servicios. Necesitamos un retrato robot para poder modificar nuestra oferta de servicios acorde a las necesidades del que pone la pasta.

En resumen, para el sondear el mercado se pueden realizar los siguientes pasos:

1. Averigua dónde se congrega tu cliente ideal.

2. Habla con él y escucha atentamente. ¿Valora las traducciones? ¿Tiene a alguien que se las haga actualmente? Podemos elaborar un guion con preguntas, aunque no es necesario seguirlo a rajatabla.

3. Expón tu propuesta de forma genérica y pregunta qué es lo que le gustaría encontrar en un servicio de traducción (o interpretación). Pregunta qué tendrías que hacer para que te pidiese realizar un encargo.

4. Valida la propuesta. De forma sutil, debes preguntar cuánto estaría dispuesto a pagar por tus servicios. Esto te servirá para determinar la sensibilidad al precio de ese cliente.

En este último aspecto económico y en relación a los clientes directos, no se debe olvidar que no es lo mismo hablar con quien nos contrata, que con quien nos paga. Por ejemplo, supongamos que tenemos la posibilidad de hablar con el presidente del despacho de abogados más grande de España. Salvo que le gusten especialmente los idiomas o la traducción, tendríamos que impresionarle mucho para que, en el futuro, se acordase de nosotros si alguna vez necesita una traducción. Sin embargo, si hablamos con su secretaria, es más probable que guarde nuestra tarjeta y nos tenga en cuenta.

Curso: Cómo vender servicios de traducción (IV) – Mis clientes

Retomamos el curso sobre cómo vender servicios de traducción con una parte fundamental: los clientes. Semana 2 – Día 1 En la entrada anterior nos habíamos propuesto elaborar un borrador de propuesta de valor como paso previo para abordar a nuestros potenciales clientes. Hoy toca analizar a quién vamos a ofrecer nuestros maravillosos servicios.

Cómo vender servicios de traducción (IV) - Los clientes
Fuente: http://www.flickr.com/photos/22553351@N03/6635779085/in/photolist-b7o6We-6ooHcz

Recordemos que, a modo de ejemplo, habíamos partido de tres áreas: traducción jurídica, interpretación médica y traducción literaria. Para centrar más nuestra propuesta de valor (recordemos que una de las estrategias para ser más competitivos es especializarse), decidimos especializarnos en traducción de contratos de compraventa de inmuebles, interpretación en congresos médicos y en traducción de literatura juvenil. Ahora toca estudiar el mercado potencial de clientes. Para ello podemos realizarnos preguntas cómo:

  1. ¿Quién puede necesitar traducir contratos de compraventa de inmuebles?
  2. ¿Cuántos congresos de medicina se realizan al año en mi zona? ¿Suelen intervenir ponentes extranjeros?
  3. ¿Qué editoriales publican literatura juvenil? ¿Se publican novelas juveniles traducidas?

No es necesario que este análisis inicial sea muy exhaustivo, pero los resultados deben ser específicos. Me explico: necesitamos localizar a clientes potenciales reales, de carne y hueso. Una vez los hayamos localizado, tenemos que hablar con ellos y sacarles toda la información que podamos sobre sus necesidades de traducción o interpretación. Veamos un ejemplo de cada caso:

  1. Contratos de compraventa de inmuebles. Cliente potencial: despachos de abogados. ¿Cómo localizarlos? A través del Colegio de Abogados de nuestra provincia. Suelen disponer de una base de datos en la que podemos buscar a los colegiados. Gracias a internet, podemos ver qué servicios profesionales ofrecen y contactar con aquellos que ofrezcan servicios a extranjeros.
  2. Interpretación en congresos de medicina. Cliente potencial: asociaciones de médicos y Colegio de Médicos. ¿Cómo localizarlos? Acudiendo al Colegio de Médicos de nuestra provincia. Es posible que en el sitio web se anuncien las actividades que realizan. Si hay ponentes internacionales, es posible que necesiten servicios de interpretación.
  3. Traducción de literatura juvenil. Cliente potencial: editoriales con colecciones de literatura juvenil o especializadas en la materia. ¿Cómo localizarlas? Aunque en internet hay muchos directorios con editoriales clasificadas por temáticas, al igual que en los casos anteriores, creo que lo más eficaz es el contacto directo. Las ferias del libro son el sitio ideal para charlar distendidamente con nuestros clientes potenciales.

Si añadimos esta información al archivo que estamos creando con la radiografía de nuestra estrategia, quedaría más o menos así:

Cuadro con clientes
Cuadro con clientes

Como decía, lo que necesitamos son contactos de carne y hueso para hablar con ellos y sondearlos. Una vez sepamos más o menos a qué cliente vamos a ofrecer nuestros servicios, tendremos que estudiarlos en su hábitat natural para plantear, posteriormente, nuestra mejor oferta estrategia posible. Entonces, ¿cómo establecemos el primer contacto con ellos? Lo veremos en la próxima entrada. :) De momento, ¿quiénes crees que necesitan tus servicios de traducción especializada? ¿En qué ámbitos se mueven? ¿Hay congresos centrados en tu área de especialización?

Curso: Cómo vender servicios de traducción (III) – Mi oferta de servicios

Semana 1, día 3

En la anterior entrada nos habíamos quedado en la búsqueda de nuestra competencia. Ahora toca ir un paso más allá y preparar el terreno para la búsqueda de clientes. Toca definir qué servicios vamos a ofrecer a nuestros clientes. Algo interesante habrá que ofrecerles cuando llamemos a su puerta, ¿no?

Uno de los mejores libros de negocios que he leído hasta la fecha, The Personal MBA de Josh Kaufman, enumera 12 formas de crear valor:

  1. Producto

    Valor
  2. Servicio
  3. Cesión del uso de un recurso compartido
  4. Suscripciones
  5. Reventas
  6. Alquileres
  7. Comisiones
  8. Concentración de audiencias
  9. Préstamos
  10. Opciones
  11. Seguros
  12. Inversiones

En el caso de la traducción, la forma más habitual de crear valor es mediante un servicio o comisiones. Al hablar de los servicios, una de las puntualizaciones más importantes que hace es que cuando se trata de servicios basados en habilidades que no todo el mundo tiene y, sobre todo, cuando dichos servicios dependen del esfuerzo y tiempo que empleemos en ellos, es vital cobrar lo suficiente para que valga la pena el esfuerzo.

Al hablar de valor, no podemos olvidar cómo es valorado nuestro servicio por parte de nuestros clientes. ¿Qué valor perciben? Si nos contratan la traducción de una web, es muy probable que el encargo esté motivado por algo más que tener la web en otro idioma. ¿Qué ventaja aporta nuestro servicio al cliente? ¿Qué problema resolvemos?

Es el momento de estrujarse el cerebro y pensar qué servicios podemos ofrecer, qué huecos puedo rellenar en función de la competencia que tengo en mi especialidad. No hay que tener miedo a cualquier idea que se nos ocurra, por extravagante o rara que parezca. Si tenemos la intuición de que algo puede funcionar, no perdemos nada por analizar si es viable. Ya veremos cómo más adelante. :)

Aquí tenéis una muestra de cómo quedaría el cuadro con nuestra propuesta de valor:

Propuesta de valor

 

Esto es solo un borrador que tomaremos como punto de partida para abordar el siguiente paso: los clientes. Aunque ahora podamos tener una ligera idea de qué necesita el mercado, no podemos basarnos en suposiciones. En la siguiente entrada nos centraremos en esto.

Curso: Cómo vender servicios de traducción (II) – Mis especialidades y la competencia

Muchas gracias a todos por la acogida del curso durante el día de ayer. Espero que le resulte de utilidad a alguien. Vamos con la lección de hoy.

Cómo vender servicios de traducción (II) – Mis especialidades

Semana 1, día 2

Ayer veíamos en la introducción que para poder ofrecer nuestros servicios como traductores es importante que pongamos por escrito qué hacemos, cómo lo hacemos y por qué. Hoy ahondaremos en un tema bastante relacionado con el qué hacemos: en qué nos especializamos.

Ya decía el refranero español aquello de “Aprendiz de todo, maestro de nada”, una máxima que está más de actualidad que nunca. Es habitual pensar que a mayor número de especialidades, más oportunidades tengo de encontrar algo, por aquello de no cerrarse a nada. Pero sin una o varias especializaciones, es como dar palos de ciego. ¿A qué clientes nos dirigimos? ¡Pues a todos! ¿Cómo busco clientes? Me apunto a todas las ofertas de Proz que se publiquen y mando mi CV a todas las empresas que pueda. Acotar nuestro campo de acción puede facilitarnos mucho las tareas de marketing y ventas y, al contrario de lo que pueda parecer, con una buena estrategia, tocar a la puerta de 1000 empresas puede salirnos mucho más a cuenta que tener que tocar a la puerta de 10 000. Y aquí no hay distinciones entre agencias y clientes directos, en ambos casos contar con especialidades es clave.

Así que volvamos a nuestro Excel de GDrive y anotemos todos los campos y áreas que conozcamos y, a ser posible, que nos atraigan. Si quieres traducir textos médicos durante los próximos X años, más vale que te guste el tema. :) Tampoco debemos descartar aficiones o actividades que puedan darnos conocimientos sobre determinados ámbitos. Por ejemplo, alguien que sea o haya sido jugador federado de algún deporte puede ser un excelente traductor en ese campo. La clave está en descubrir si hay mercado para nuestras especialidades y determinar si son rentables, pero eso lo haremos la semana que viene. Todo a su debido tiempo.

Sé concreto con tus especialidades

No te limites a “traducción técnica”. Te puede encantar la traducción técnica, pero seguro que no te entusiasma de la misma manera el manual de instalación de un motor de un buque que el manual de un teléfono móvil. Junto a la columna “Especialidades” he añadido la de “Campo genérico” porque nos puede resultar útil más adelante.

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Como ejemplo para esta actividad, he elegido tres especialidades: Contratos, interpretación en congresos médicos y traducción de literatura juvenil.

La competencia o ¿quién ya hace lo mismo que yo?

El siguiente paso es uno de los más divertidos: estudiar a la competencia. Es decir, ¿quién hace lo mismo que yo? Si voy a ofrecer servicios de traducción de contratos, tengo que saber si alguien lo está haciendo ya, cómo lo hace, etc. ¿Dónde buscamos a la competencia? En esta etapa no hay que complicarse mucho: una búsqueda en Google basta. ¿Qué hacemos si no encontramos competencia específica? Puede significar dos cosas: que no hay clientes para tu especialización o que nadie se ha preocupado de buscarlos todavía. Ya lo veremos con detalle cuando hablemos de quiénes son nuestros clientes.

Ahora, centrémonos en la competencia. Partiendo de las tres especialidades, busco en Google y sorprendentemente me encuentro con que “traductor de contratos” solo arroja dos páginas de resultados. Aparecen varios perfiles de Proz y Linkedin, pero realmente ninguno es el de un traductor que se venda exclusiva o casi exclusivamente como traductor de contratos. Muy interesante. Contratos se traducen todos los días, ¿quién los hace entonces? Hagamos uso del “Campo genérico” y busquemos “traducción jurídica” en Google, a ver con qué nos sorprende. Ahora los resultados son bastante diferentes: 15.300 resultados. No está mal. En la primera página solo hay un resultado relevante y es el primero: el dominio traduccionjuridica.es que es la página web de Ruth Gámez y Fernando Cuñado. En la primera página de resultados en Google también aparece su blog y su Twitter un poco más abajo. Podría repetir este ejercicio con otras combinaciones de palabras de este ámbito, pero voy a pasar a las siguientes especialidades no sin antes anotar en el Excel lo que he averiguado hasta la fecha.

Al buscar “interpretación en congresos médicos” solo obtengo dos resultados y son poco relevantes. Tras usar distintas combinaciones, los resultados relevantes aparecen con “interpretación médica”: varios blogs de intérpretes y varias páginas de agencias. Las añado a la lista.

En el tercer caso, “traducción de literatura juvenil” tampoco arroja muchos resultados. Hay un perfil de Linkedin y una cuenta de Twitter y poco más. Interesante. De las diferentes combinaciones que pruebo, “traductora de literatura juvenil” vuelve a mostrar varios perfiles de Linkedin y solo cuando busco “traducción literaria” obtengo más resultados, aunque no hay webs de traductores o agencias en la primera página de resultados.

Al finalizar la búsqueda de todas las combinaciones que se nos ocurran y que podemos hacer extensiva a otros idiomas, tendríamos un cuadro como este:

Captura de pantalla 2013-09-03 a la(s) 08.23.56

Esta es la tarea para hoy: definir nuestra competencia en las diferentes especialidades que nos interesan. A veces, puede ser complicado encontrarla, pero en el caso de la traducción la competencia no suele faltar. :) Y eso es bueno porque es un indicio de que hay mercado.

 

Curso: Cómo vender servicios de traducción – Introducción

Hacía tiempo que tenía en mente redactar una serie de entradas con un enfoque más empresarial, si se me permite el término. Así que me puse como objetivo el mes de septiembre, que siempre me motiva a empezar cosas nuevas y aquí os presento, poco a poco, el resultado.

Antes de empezar, os recuerdo que en el blog hay una sección llamada “La agenda del traductor en la que tenéis un calendario y un mapa con acontecimientos, actos y conferencias relacionados con la traducción.

Sin más dilación, arrancamos el curso.

Cómo vender servicios de traducción y no morir en el intento

¿De qué va esto? A los traductores nos encanta bucear entre diccionarios, pasarnos horas y horas divagando en busca de la palabra perfecta y sumergirnos en el texto original para descubrir significados ocultos y dobles sentidos imposibles. Sin embargo, se nos arruga un poco la nariz cuando pensamos en que para dedicarse a la traducción hay que hacer facturas, pagar impuestos y buscar clientes.

“¡Pues a mí eso de buscar clientes me parece un rollo!”

No clients, no money.

Pues sin clientes, no hay traducciones. Así que hay que ponerse las pilas y salir a la calle a venderse. Ojo, las agencias de traducción también son clientes y es importante tener una buena relación con ellas, sobre todo si te aterra tener que buscar clientes directos y prefieres que otros hagan la labor comercial por ti. Aunque no tiene por que ser traumático, los clientes también son personas al fin y al cabo. :) Es cierto que para llevarle las traducciones a Microsoft, por poner un ejemplo, un traductor autónomo no es suficiente, pero hay muchísimos otros clientes en el mundo. Sí, el mundo. No hay que limitarse al mercado local o nacional. Es una de las ventajas de nuestra profesión.

Este no es un curso como los demás

Primero, porque es gratis. :) Y segundo, porque no voy a seguir la metodología tradicional de planes de negocio con palabros rancios que no entiende nadie. Si bien habrá conceptos que explicar, lo que pretendo es que nos hagamos las preguntas correctas y que comprendamos la lógica que hay detrás de un negocio de traducción. Siempre bajo mi punto de vista tras haber pasado por muchos cursos de formación en este ámbito.

Recursos y materiales

En este apartado iré recopilando todos los recursos y materiales que se emplean en el curso.

Semana 1, día 1

Tormenta de ideas: ¿qué, cómo y por qué hago lo que hago?

La primera tarea que nos tenemos que proponer (sí, aquí hay deberes :) es descubrir o analizar qué hacemos, cómo y por qué. Aunque pueda parecer  una pregunta de libro de autoayuda, es importante tener claro qué tareas podemos o nos gusta hacer hacer, con qué medios y lo que nos empuja a ello. Tampoco está de más intentar describir esas tareas de forma diferente a lo habitual, porque podemos encontrar formas poco convencionales de explicar qué hacemos y eso nos hace destacar entre el resto.

Veamos un ejemplo:

    1. ¿Qué hago? Traducir, localizar webs, subtitular, traducir guiones para doblaje, traducciones juradas, interpretación, etc. El etcétera lo pongo para no hacer la entrada interminable, pero en un ejercicio real no hay etcétera que valga. Es importante ser creativo y añadir todo lo que se nos ocurra que creamos que tenga utilidad para los clientes. Por ejemplo, para la localización web puede ser útil saber SEO y facilitar la creación de palabras clave en el idioma hacia el que traduzcamos. También podemos fijarnos en nuestras aficiones y definir las tareas de forma más específica: traduzco videojuegos de aventuras o traduzco contenidos relacionados con el tenis porque juego en mi tiempo libre. A ser posible, desmenuzaremos las tareas en otras, ya que traducir implica documentarse, por ejemplo.
    2. ¿Cómo lo hago? Es muy probable que una gran parte de los traductores autónomos trabajen a través de internet, aunque hay ciertos servicios como la traducción jurada o la interpretación que requieren un contacto cara a cara con los clientes. Además del modo en el que distribuimos nuestros servicios, no debemos olvidar la consultoría. Por ejemplo, a la hora de traducir, consulto previamente con el cliente si tiene alguna guía de estilo o glosario como referencia y, si no lo tiene, se lo ofrezco como servicio adicional. Se dice que en los mercados de servicios, como el nuestro, la forma es muy importante.
    3. ¿Por qué lo hago? Quizá sea la parte más difícil de contestar, ¿no? Es posible que tengamos tan interiorizado qué hacemos o qué queremos hacer que no tengamos muy claro por qué lo hacemos. Para poder elaborar nuestra motivación para traducir, podemos basarnos en aquello que nos hizo decidirnos por esta profesión. Seguro que todos tenemos alguna historia que contar sobre el día en qué decidimos ser traductores o sobre qué nos llevó a ello. El otro día, vi este resumen de una ponencia que dará en breve Loek Van Kooten y me encantó su “por qué” localizo: para darle a los jugadores holandeses los juegos que se merecen.

I was pretty frustrated by the fact that so many Dutch games were so terribly localised by people who had no clue about game localisation and in the end I decided to gave up my IT legal technical translation career and dedicate all my time to give the Dutch gamers what they deserve: well localised games that read like an original.

Así que la tarea para hoy es contestar a estas tres preguntas. Si no encontramos respuestas fácilmente a la primera, no pasa nada, esto es una carrera de fondo y es normal ir afinando poco a poco. Lo importante es tener las preguntas claras e ir modificando las respuestas a medida que se nos vayan ocurriendo más ideas.

He creado esta hoja de cálculo en Google Drive en la que iré añadiendo los diferentes ejercicios con sugerencias, por si a alguien le sirven de ayuda.

Los que estuvisteis en el Traduemprende seguro que lo tenéis más claro. Marta Stelmaszak habló de la técnica “Golden Circle” en su charla:

Podéis usar el apartado de comentarios para comentar cualquier sugerencia o incluso dudas si se os queda la mente en blanco. ¿Tenéis claro por qué os gusta traducir?

La interpretación… ese mundo tan imprevisible

Ayer circulaba por las redes sociales el siguiente vídeo:

Después del choque inicial, busqué la conferencia completa en español y me encontré con esto:

A partir del minuto 20, cambian de intérprete y se escucha a un chico que sí es nativo. Tras ver esto, creo que es bastante evidente que no contrataron a la primera persona que pasaba por allí. Lo que me pregunto es qué pasó para que tuviera que interpretar al español una inglesa o estadounidense. Hay que tener en cuenta que la Gamescom se celebra en Alemania. ¿No encontrarían a suficiente gente? ¿Tendrían alguna baja a última hora? No voy a entrar en la terminología especializada porque supongo que encontrar intérpretes de conferencia españoles en Alemania ya de por sí es difícil, como para que estén especializados en videojuegos. Aunque algo de documentación no les habría venido mal. ¿Tendrían tiempo de prepararse? En la facultad se nos enseña lo importante que es documentarse, pero en la vida real también hay situaciones que distan mucho de ser las ideales o las que esperabas.

Una profesión imprevisible
Intérpretes

Esto me ha hecho reflexionar sobre la primera vez que hice una interpretación “oficial” fuera de las aulas. Hace muchos años ya, se puso en contacto conmigo una aseguradora de California y me comentaron que uno de los abogados del despacho tendría que acudir a Las Palmas de Gran Canaria a una reunión que tendría lugar en una semana y que necesitaría un intérprete. Al principio, el tema de los seguros me echó un poco para atrás, pero me explicaron que el abogado acudía solo en calidad de testigo de la reunión y que él no hablaría apenas. Entonces les pedí más detalles sobre el asunto de la reunión, pero insistieron en que no me preocupara demasiado (¡ja!) y que él mismo ya me daría más detalles en persona. Acepté el encargo porque unos meses antes había ayudado a una investigadora de Reino Unido a hacer unas entrevistas y me sentí bastante cómoda haciendo interpretación bilateral.

El día antes de la reunión, me encontré con mi cliente para preparar la interpretación. Me explicó que la aseguradora para la que trabajaba tenía un cliente (una empresa) que iba a discutir con unos clientes suyos una compensación económica. Como buen abogado, no me dio nombres. Solo me comentó a qué sector pertenecían, por lo que busqué documentación sobre el sector, aunque más tarde descubriría que no la necesitaba. Acordamos que acudiría a la reunión una hora antes para conocer al resto de partes implicadas.

Y allí estaba yo, al día siguiente, con mi libreta para tomar notas, que luego tampoco me hizo apenas falta… Lo primero que descubrí fue que la empresa-cliente de mi cliente era una multinacional gordísima y que los clientes de la multinacional exigían una indemnización millonaria por un producto defectuoso. Además, como se trataba de muchísimo dinero, había acudido también a la reunión el presidente de la multinacional y técnicos de la oficina central (de Estados Unidos), junto con representantes y abogados de la filial española.

Poco antes de empezar la reunión, me comentaron que también habría otro intérprete que se encargaría de las intervenciones de la multinacional. Recordemos que mi cliente era la aseguradora, ya que querían enterarse de lo que se hablaba porque tendrían que asumir toda o parte de la cifra que se acordase. Todo empezaba a cobrar sentido.

Por aquella época, el mundo de los negocios me parecía un mar de tiburones y no me sentía nada a gusto en una situación tan tensa y complicada. Además, yo tenía en mente que haría interpretación bilateral, pero la situación requería interpretación susurrada. Eso sí que no lo había hecho nunca, pero si me negaba, además de quedar muy mal con mi cliente, le hubiese sido muy complicado encontrar a otro en menos de una hora, si es que lo hubiese conseguido. Así que hice de tripas corazón e intenté prepararme para lo que se avecinaba.

Cuando llegó el momento de la verdad y entramos en la sala (que era muy parecida a la del anuncio del Pronto), el presidente de la multinacional se sentó en el centro de la mesa, con su equipo a la derecha y los representantes de la filial española, a la izquierda. El otro intérprete estaba en el extremo derecho, junto a los técnicos, porque habían preparado una presentación y tenía que interpretarla. A la izquierda del presidente de la multinacional había dos huecos: uno para mi cliente (el abogado de la aseguradora) y otro para mí. En frente, estaba el abogado que representaba a todos los afectados, rodeado de asesores y consejeros.

Aquello se parecía mucho a un duelo medieval. Al empezar la reunión, el presidente de la multinacional (sentado en medio) iba hablando, su intérprete (que estaba en el extremo de la mesa) le seguía y luego respondía el abogado de los afectados. Mientras yo, a la izquierda del presidente, interpretaba susurrando a mi cliente. Esto pasó hace mucho tiempo, pero aún recuerdo como si fuera hoy el momento en el que el presidente de la multinacional me tocó el hombro y me dijo que interpretara yo en voz alta lo que él decía. En aquel momento, miré a mi cliente, que asintió con la cabeza y cambié de “modalidad”. Durante los primeros diez minutos, hacían pausas para dejarme interpretar, pero el ambiente se empezó a caldear, cada vez hablaban más rápido y lo que era bilateral se convirtió en simultánea sin cabina. Ese día descubrí que hablar rápido, como siempre hago, puede tener su utilidad y todo. :D

Tras dos horas, hicimos un descanso. En ese momento por fin pude hablar con el otro intérprete, que me comentó que él sí se había preparado la presentación de los técnicos porque se habían reunido el día anterior para hacerlo. Podríamos habernos turnado, pero la verdad es que no se me ocurrió sugerírselo de lo cansada que estaba. Los abogados de la filial española estaban sorprendidos de que fuera capaz de seguirles el hilo y hablar casi al mismo tiempo.

Hubo unas tres sesiones más y todas siguieron la misma tónica: empezábamos relajados, con pausas, pero al final acababan tirándose de los pelos verbalmente. Y yo ahí, en medio del campo de batalla. Era como un juego, la verdad, y ellos lo sabían. En algunos momentos tuve que rectificar cifras (que si yo quiero tantos miles de millones, que si yo te doy cien millones) e incluso los afectados se reían diciendo que preferían negociar con la intérprete. Es uno de esos momentos en los que te quieres morir (¡me he equivocado en una cifra!), pero corriges y no pasa nada. Sé que quedaron contentos conmigo porque me volvieron a llamar.

Después de aquello, me propuse no aceptar más encargos a ciegas. Lo que he contado aquí, bien puede ser un compendio de errores de novata.

Retomando lo que me motivó a escribir la entrada, creo que no hay ningún manual que recoja punto por punto la infinidad de situaciones con las que nos podemos encontrar en la vida.

Yo prefiero traducir que interpretar y admiro profundamente a aquellos que disfrutan del gusanillo que te entra cuando estás ante un auditorio o una audiencia expectante y tienes que resolver problemas a velocidad del rayo. Recuerdo que la profesora de interpretación simultánea nos decía que no era raro inventarse palabras como “arqueologistas”. Para un traductor perfeccionista eso es la muerte, pero normalmente al público no le importa tanto. Claro que eso lo decía cuando Youtube aún no existía y solo se retransmitían en directo por la tele conferencias importantes.

Cuando vi el vídeo, lo primero que se me ocurrió fue pensar en que hay que ser muy valiente para ponerse delante de un micrófono e interpretar teniendo pocos conocimientos del idioma hacia el que interpretas. Por cómo habla, la señora parece que está acostumbrada a trabajar con la voz e incluso diría que es intérprete de otro idioma. ¿A lo mejor no le quedaría otro remedio? ¿Quizá era eso o dejar mitad de la conferencia sin interpretar? Desconozco lo que ocurrió, pero estoy segura de que situaciones similares se dan todos los días en contextos mucho más delicados como puede ser el judicial.

Por último, me pregunto qué cantidad de espectadores de la conferencia se habrá quejado oficialmente sobre el tema. ¿O es que la empresa organizadora de la conferencia no tiene responsabilidad alguna? ¿Se lo habrá dicho alguien? ¿O nos quedamos en la anécdota y en la mofa de un vídeo de Youtube?