Los duros comienzos del traductor

Qué duros son los comienzos.

Estos días he leído varias entradas de otros blogs en las que se trataba de forma bastante positiva la inserción laboral o profesional de los futuros traductores. Lo cierto es que, a pesar de que el entorno actual no es nada favorable en España, empezar en una profesión nunca ha sido fácil.

Corría el año 2003. Mis compañeros de promoción y yo estábamos en cuarto y se oían por los pasillos muchos comentarios acerca de lo que haríamos al acabar la carrera. Hasta ese año, a pesar de que yo y el francés no nos llevábamos muy bien, siempre había imaginado que los traductores “de verdad” estaban en las instituciones europeas o traduciendo libros. No fue hasta inscribirme en aquella misteriosa asignatura llamada “localización de software” (“Será buscar programas para traducir, ¿no? Interesante.”, pensé antes de hacer la matrícula) cuando descubrí que podía hacer muchas más cosas y olvidarme un poco de mis traumas con el francés (desolée…).

Al abrirse ese nuevo mundo de posibilidades ante mis ojos, volví a retomar el contacto con algunos recursos como la lista Traducción en España, un clásico donde los haya con el que he aprendido muchísimo. A día de hoy, aunque no hay tantos hilos de los que yo llamo “profundos”, la base de datos que aloja todos los mensajes es todo un tesoro. Nunca pude seguir el ritmo de otra lista mítica: Apuntes.

Y así fue como, poco a poco, durante ese cuarto año de carrera, me empecé a meter de lleno en el mundo (que no “mundillo”) de la traducción fuera de las aulas. En un interminable hilo de Traducción en España, alguien mencionó una página para encontrar encargos de traducción: Proz. (¿De qué me suena?) Y ahí que me fui. Curiosamente, estos días hace justo 10 años de eso. El perfil guarda un histórico de todas las ofertas a las que me he inscrito desde el 30 de abril de 2003 (textos de prueba incluidos, ¡oh, dioses!) y las primeras no tienen desperdicio. Fijándome en la de barbaridades que ponía durante los primeros meses, me he dado cuenta de que la entrada de los 7 pecados capitales de los traductores noveles es un poco autobiográfica. Que digo un poco… ¡Es totalmente autobiográfica!

En mis primeros intentos de hacerme un hueco en el mundo profesional afirmaba cosas como “Traduzco todo tipo de textos“, añadía mis notas en las cartas de presentación o le exigía al posible cliente una respuesta inmediata (?). Con 21 años y sin saber muy bien qué era aquello de ser traductor autónomo, me lancé de cabeza a la aventura de conseguir encargos de traducción. No tenía mucha idea de lo que hacía, pero lo que sí tenía claro era que no pararía hasta conseguirlo.

Además de registarme en Proz, busqué otros portales similares y me di de alta en todos ellos. Intentaba responder al mayor número de ofertas posible (incluso inversas) con la esperanza de que alguien me diera una oportunidad. Ese mismo verano y todavía sin acabar la carrera, estuve en Barcelona de vacaciones. Junto a una lista de direcciones de agencias de traducción (sacada de Proz, como no), me llevé mi CV bajo el brazo y fui al mayor número de empresas que pude. En persona. Creo que solo recibí un encargo de una de aquellas empresas, eso sí, dos años más tarde. :) Pero además de enseñarme que los resultados a corto plazo son escasos en cualquier profesión, aquel peregrinaje me dio otra lección muy importante: no hay que hacer inversas. Al ver la combinación ES>EN en mi flamante CV, la dueña de una de las agencias que visité me dijo que cómo iba a tener capacidad para traducir bien hacia el inglés si no era nativa. Le respondí (valiente que es una) que en la facultad habíamos hecho inversa en diferentes especialidades. Su respuesta me dejó fría: “Sí, como ejercicio está bien. Pero no para dedicarte a ello.”

Evidentemente, es un gran varapalo que te digan algo así en persona cuando estás deseando que te den tu primera oportunidad, pero a día de hoy sé perfectamente que fue un buen consejo hecho con la mejor de las intenciones. Y me alegro de haber vivido aquella experiencia.

Después de darle un buen lavado de cara al CV y de mejorar mi carta de presentación hasta tener algo decente, conseguí mi primer encargo en septiembre. Fue algo bastante grande. Los manuales de unas impresoras SHARP. Los segundos y terceros trabajos tardaron unos meses más en llegar, pero la factura del primer encargo me sirvió de colchón. Estuve bastantes años colaborando con aquella agencia, aunque el flujo de trabajo era muy irregular.

Durante los primeros dos-tres años, combiné la traducción con otros trabajos. Al igual que otras profesiones por cuenta propia, esto es una carrera de fondo. Los comienzos son díficiles en todos los campos. Nadie dijo que fuera fácil. Y, ante todo, hay que armarse de mucha paciencia y contar con mucha, mucha, mucha (¿he dicho mucha?) perseverancia.

Si pudiera darle algunos consejos a aquel yo que empezó a traducir hace diez años, le diría:

  • A pesar de lo que pase, a pesar de todas las negativas, inténtalo todos los días. Aprende a vivir con el no y úsalo para mejorar tu estrategia.
  • Analízate y véndete como especialista en uno o varios campos. “Traducir de todo” es una mala estrategia comercial, aunque a ti te guste todo, a priori. ¿Qué textos te gusta leer? ¿Qué se te da mejor? Creo que esto lo hacemos todos de manera más o menos inconsciente: hay encargos que nos llaman más o menos la atención. Que te vendas como especialista en una materia, no implica que no puedas realizar trabajos de otras especialidades relacionadas si es necesario.
  • Diferénciate. Una cuestión compleja cuando uno empieza, pero crucial. Si hago lo mismo que mis compañeros de la facultad, ¿cómo voy a facilitarle la tarea al cliente la tarea de elegirme? Hace diez años, muy pocos traductores tenían una web, así que fue una de las primeras cosas que hice. Buscar un dominio propio, usar una dirección de correo profesional, tener una web sencillita… Actualmente, diría que para ciertas especializaciones es básico tener presencia en internet. Entre los traductores literarios, por ejemplo, no está tan extendido. Lo cual es una buena oportunidad para los que empiezan. Como el caso de Las cuatro de Syldavia. Un grupo de chicas que se dedican a la traducción de cómics, cuya web ha aparecido en varios medios nacionales (aquí).
  • Eres una empresa, un emprendedor, un empresario o como quieras llamarlo. Hay una gran diferencia entre “busco trabajo” y “ofrezco servicios”. Mayoritariamente de letras, a los traductores nos horroriza todo lo que tenga que ver con los números o que tenga un cariz muy comercial. “Yo solo quiero traducir.” He realizado varios programas de creación de empresas y solo puedo decir que ojalá lo hubiese hecho antes. Balances, cuentas de resultados, DAFO, IRPF, Hacienda… No hay que vender nuestra alma de traductores a ningún diablo capitalista para utilizar una estrategia empresarial en nuestra profesión. Al fin y al cabo, queremos ganarnos la vida con esto, ¿o no?
  • Observa a los profesionales que admiras. ¿Qué hacen ellos para posicionarse? Analiza sus estrategias. Estudia cómo se presentan al mercado. Tu objetivo debe ser hacerlo igual de bien, pero con personalidad propia. Las copias se detectan muy rápidamente. Scheherezade Surià tiene un proyecto muy divertido llamado Pin Up Translator. Todo un soplo de aire fresco y una forma muy original y optimista de hablar del oficio del traductor. No la conozco en persona, pero siempre me viene su ejemplo a la cabeza porque, al menos a mí, ha conseguido transmitirme la idea de que ella es “la traductora pin up”. Échandole un vistazo a los proyectos que ha hecho, se ve rápidamente que es una apasionada de la literatura. Ha traducido mucha novela romántica. ¡Las traductoras pin up son perfectas para su imagen!

Para acabar, dejo por aquí las entradas que me han servido de inspiración:

A puerta fría. Encontrar trabajo “con la que está cayendo” de la mencionada Scheherezade. Incluye muchos recursos para elaborar cartas de presentación, CVs y cuidar la presencia en internet.

Medios de comunicación o cómo desmotivar a una generación entera de Merche García Lledó.

Solo me queda decir…

Un pequeño paso para el hombre…

Un título con doble propósito: una minideclaración de intenciones con la esperanza de retomar este blog :) y, al mismo tiempo, vale también como antesala del motivo de la entrada propiamente dicha.

Astronauta LEGO bandera

¿Cuántas veces no hemos emprendido alguna acción después de pensar/decir aquello de “Qué mal están las cosas. Hay que hacer algo para cambiarlas.”? Después del empujón y la iniciativa iniciales, solemos ir perdiendo fuelle ante la imposibilidad de conseguir resultados a corto plazo si nuestra motivación no tiene suficientes caballos de potencia para tirar de nosotros cuando la dichosa procrastinación nos azota.

Tras miles de negativas, llega un momento en que después de llegar al estado apático modo: “Total, ¿pa’ qué?”, la inercia de seguir adelante o la resistencia al cambio nos llevan a coger carrerilla en medio de toda esa desazón y se produce el milagro.

Decides sacar unos pocos minutos de tu tiempo para contestar a esa oferta de Proz que “sabes” que no te van a dar y a las pocas horas te envían una prueba. O te pasas la tarde del viernes rellenando un formulario de una agencia que “sabes” que no servirá para nada y el lunes te envían una traducción. O te atreves a pedirle al equipo de programadores que desarrollen una nueva funcionalidad a sabiendas de que “no lo van a hacer” y al poco tiempo la han implementado.

Estas pequeñas victorias de cada día son las que te hacen darte cuenta del valor tan importante que tiene cada negativa, cada caída, cada fracaso. Por minúsculo que sea el avance, habrán valido la pena todos los percances anteriores cuando, por una vez, tu esfuerzo se ve recompensado o valorado de alguna forma.

Cuesta mucho mantenerse siempre optimisma e ilusionado. Hay que tener mucha fuerza de voluntad y resistencia para no dejarse vencer fácilmente por las vicisitudes del día a día. Quizás por eso está tan de moda todo lo que tenga que ver con la motivación y con mantener una actitud positiva. A pesar de que a algunos todas estas modas les parecen una tontería, creo que tienen efectos más positivos que negativos.

El secreto

Unas dos veces al año, me “cargo” las pilas viendo una ponencia de Emilio Duró titulada “Optimismo e ilusión”. Es bastante larga y él mismo confiesa que siempre cuenta lo mismo (al ver otras intervenciones suyas uno se da cuenta rápidamente de ello), pero la pasión que transmite, la forma que tiene de decir las cosas y lo mucho que se ríe de sí mismo no dejan indiferente a nadie.

Este año todavía no me ha hecho falta verlo.  Es mi receta para sacar fuerzas en esos momentos en los que uno está a punto de tirar la toalla y dado su alto poder reconstituyente, no quiero que sus propiedades pierdan efecto abusando demasiado de la dosis. Intento aprovechar esas pequeñas victorias de las que hablaba antes (cada ejemplo está basado en un hecho real :) y sacarles el máximo rendimiento en cuanto a motivación se refiere.

Y vosotros, ¿tenéis algún “secreto” para manteneros al pie del cañón? ¿Habéis conseguido alguna pequeña victoria recientemente?

Los sueños se confunden con la realidad, ¡Feliz Navidad!

Aeropuerto de Fráncfort, 6:30 de la mañana del 24 de diciembre de 2011

Terminal 2, puerta D23

Miro hacia atrás mientras espero a que abran la zona de embarque del vuelo que me llevará a pasar las vacaciones de Navidad en Gran Canaria. Dentro de unas semanas se cumplirá un año del comienzo de mi viaje como traductora emigrante en tierras alemanas. A lo largo de estos meses he pasado por diferentes estados de ánimo. Desde la euforia inicial y la emoción de los primeros meses, hasta la inevitable morriña que nos afecta a todos cuando las emociones empiezan a equilibrarse. El país que era nuevo y desconocido empieza a adquirir colores familiares y rutinarios; la tierra natal que muchas veces resultaba monótona y aburrida se convierte ahora en la tierra prometida.

Diciembre es el mes de los propósitos para el año nuevo. Además de retomar algunos idiomas que dejé aparcados en diferentes momentos de mi vida, me gustaría darle un toque de aire fresco al blog. Tengo varias ideas que llevo barajando desde hace un tiempo, aunque me gustaría probar diferentes cosas a modo de experimento. Otro de los propósitos es asistir como mínimo a dos congresos de traducción. También me gustaría aportar mi granito de arena a la corriente de motivación para traductores que parece reinar durante este último trimestre. Porque hace mucha falta. Siempre he pensado que, por muy mal que vayan las cosas, con optimismo se vive mejor.

Las Palmas de Gran Canaria, 14:00 del 24 de diciembre de 2011

Salón de mi casa, maletas sin deshacer

Ha sido un vuelo un poco movidito al principio: teníamos fuertes vientos de cara. Me ha dado tiempo de terminar de ver la película “En busca de la felicidad“, de la que puse un vídeo en otra entrada. La escena que más me gusta es cuando Chris y su hijo están sentados en la estación de tren. El hijo está bastante desanimado y adopta una actitud derrotista, impropia de él, pero Chris consigue devolverle la ilusión usando la capacidad imaginativa de su hijo. Terminan pasando la noche en los aseos del metro, pero ese momento tan duro queda envuelto en una metáfora. Algo similar ocurre en “La vida es bella” (otra película imprescindible), cuando Guido intenta evitar que su hijo descubra los horrores de la guerra en la que están inmersos.

Creo que los mensajes de ambas películas son muy necesarios hoy en día, con la situación de la economía, el pesimismo conquista los ánimos a pasos agigantados. Aunque quiero dedicar una entrada a mis recursos de cabecera en cuanto a motivación y optimismo se refiere, me gustaría aprovechar el día de hoy para desearos a todos una Feliz Navidad y que todos vuestros sueños se cumplan en el año 2012. Aunque estos días no dejamos de recibir mensajes de este tipo de todo el mundo y pueden llegar a cansar, a todos nos viene bien dejarnos llevar por los sueños y la ilusión, porque un mundo mejor es posible. Y para ello, los sueños son esenciales. Al igual que Chris, es importante tener sueños que cumplir, metas por alcanzar. Y, a veces, después de muchos intentos, si nos tomamos un respiro, quizá la oportunidad llega a nuestra puerta sin buscarla. Como dice el refrán: “Cuando menos lo esperas, salta la liebre”. O puede que aparezcan otras oportunidades mucho mejores.

Espero que el próximo año nos traiga a todos muchas cosas positivas que contar y compartir.

May all your dreams come true in 2012!

May all your dreams come true in 2012!

Lectura de la guía ilustrada de Mox

La semana pasada salió a la venta el libro de Mox Illustrated Guide to Freelance Translation y por fin he terminado de leerlo.

Mox book

Por si acaso alguien todavía no lo conoce, Mox es el protagonista de las tiras cómicas que aparecen en el blog de Mox, publicado por Alejandro Moreno-Ramos. El éxito de las viñetas se debe principalmente a que todos nos sentimos indentificados con Mox, un traductor joven que apenas llega a fin de mes.

Además de las tiras cómicas, el libro incluye 13 artículos de famosos blogueros del ámbito de la traducción como: Sarah Dillon, Judy Jenner, Corinne McKay o Pablo Muñoz.  Cada uno de los artículos sirve como introducción a un bloque de tiras que se centran en aspectos concretos de la vida de un traductor.

Me ha parecido muy original el comienzo, ya que las primeras tiras muestran anéctodas de la traducción en la Prehistoria, tal y como se puede observar en esta página de muestra.

Aunque las tiras son en blanco y negro, la diversión está garantizada. Además de Mox, podremos ver otros conocidos personajes como sus mascotas, la sufrida Lena o la voz de la conciencia, Calvo. También asistiremos a la creación de una asociación antitraductores cuyos miembros darán muchos quebraderos de cabeza a los traductores.

Algunos de los elementos más divertidos de las viñetas son las referencias indirectas. Conocía muchas de ellas, pero de todas las que he visto hasta la fecha, me quedo con “Puente de León”. Podría ser interesante incorporar algún intérprete al elenco de personajes, ¡seguro que daría mucho juego! Ahí dejo la sugerencia. :)

Si os apetece echaros unas risas estas Navidades, os recomiendo el libro. Así podremos descansar un poco de esos plazos y ver el lado divertido de muchas de las situaciones a las que tenemos que hacer frente.

Motores de búsqueda para Firefox

A pesar de que Chrome está ganando terreno a pasos agigantados, según las últimas estadísticas, Firefox sigue siendo el navegador más utilizado a día de hoy.

Una de las funciones que echo de menos en Chrome es la posibilidad de añadir motores de búsqueda al propio navegador. En Firefox, esta función se encuentra en la parte superior derecha, justo al lado de la barra de direcciones y permite ahorrar mucho tiempo.

Su funcionamiento es muy sencillo:

  1. Cuando queramos hacer una búsqueda en alguno de los motores que tengamos instalados, en primer lugar debemos asegurarnos de que se encuentra seleccionado aquel que queramos utilizar.
  2. A continuación, indicaremos en la caja de texto qué es lo que deseamos buscar.
  3. Y con tan solo pulsar Enter, nos aparecerá la web del motor de búsqueda y nos mostrará directamente los resultados.

A primera vista, puede que parezca que no nos ahorra mucho tiempo. Pero si investigamos un poco más, podemos sacarle mucho rendimiento a esta función. Con la expresión “motor de búsqueda”, no solo se hace referencia a páginas como Google o la Wikipedia, también podemos guardar búsquedas predeterminadas en multitud de diccionarios y obras de consulta que los traductores visitamos con mucha frecuencia.

¿A quién no le gustaría ahorrarse tener que escribir “www.rae.es”, “iate.europa.eu” o “wordreference.com” y poder realizar la búsqueda directamente mientras navegamos por otra página? El ahorro de pulsaciones es mucho mayor con páginas en las que debemos seleccionar la combinación de idiomas o algunas opciones más.

En la sección de motores de búsqueda de la página de desarrollo de Mozilla hay infinidad de ellos. Incluso hay un apartado específico para diccionarios y traducción: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?category=57

Para instalarlos, no hay más que seleccionar el enlace del motor de búsqueda y nos aparecerá una ventana emergente en la que se nos preguntará si queremos añadirlo a nuestro navegador. Un par de clics más tarde, ya tendremos el motor en la lista desplegable y podremos utilizarlo sin problema.

Lo más interesante es que es posible crear nuestros propios motores de búsqueda. Hace poco, hice uno para la combinación EN > ES del portal Mymemory.net.

Aquí os dejo una lista de los que me parecen más interesantes:

  1. RAE – Búsqueda directa: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=rae+b%C3%BAsqueda
  2. RAE – CREA: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=rae+crea
  3. RAE – CORDE: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=rae+corde
  4. Diccionario de Dudas de la RAE: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=rae+dudas
  5. Ideas afines: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=ideas+afines
  6. Sinónimos (varios motores): http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=sin%C3%B3nimos
  7. Collins EN – ES: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=collins+en-%3Ees
  8. Wordreference EN – ES: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=wordreference+en-%3Ees
  9. Babylon EN – ES: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=babylon+en-%3Ees
  10. IATE EN>ES: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=iate+en+es
  11. Microsoft Terminology EN – ES (dos versiones): http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=microsoft+terminology+es
  12. PROZ – EN <-> ES: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=proz+en%3C-%3Ees
  13. Linguee EN – ES: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=linguee+es
  14. My Memory EN – ES: http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=my+memory+es
  15. Merriam Webster (English – Spanish) (dos motores): http://mycroft.mozdev.org/search-engines.html?name=merriam+spanish

Persigue tu objetivo

Parece mentira. Han pasado casi seis meses desde que escribí la última entrada y aunque en Facebook y en Twitter he seguido más o menos dando guerra, hay motivos para tan larga ausencia de la blogosfera.

Todo comenzó antes del verano de 2008. En una rutinaria comprobación de la bandeja de entrada, vi una oferta de trabajo que me llamó mucho la atención. Me puse en contacto con la empresa, me enviaron una prueba y al cabo de unas semanas me decían que la había pasado. Hasta ahí todo muy bien. El caso es que pasaban los meses y nunca llegaba el momento de incorporarme.

Después de varios meses de espera y de varios mensajes en los que preguntaba si finalmente me necesitaban o no, lo di por perdido. Pero se me quedó la espinita clavada, porque en noviembre de 2009 me ofrecieron un puesto similar en la misma empresa y decidí probar suerte. No era el puesto que yo quería, pero pensé que si entraba tendría más oportunidades de conseguir la plaza que realmente me interesaba. ¡Craso error!

En varias ocasiones de mi vida he podido comprobar que si quieres trabajar en una gran empresa, ¡nunca debes indicar más cualificaciones que las necesarias para el puesto! Quizá en las pequeñas empresas, por desgracia, sea más habitual la sobrecualificación en puestos de trabajo, pero para una empresa que tenga un departamento de selección de personal medianamente organizado, estar más capacitado para una determinada tarea implica que en cuanto tengas una mejor oferta te irás. Y la empresa tendrá que buscar a otra persona, con el siguiente coste de tiempo y personal. No hay que olvidar que cuando una empresa te contrata, está invirtiendo en ti. Y mientras más rentable seas (más tiempo estés en la empresa), mejor. Los conocimientos sobre los procesos, las formas de trabajar, etc. no se adquieren de un día para otro.

Y eso fue lo que pasó. Mi gozo en un pozo. Tenía demasiada experiencia. Menuda paradoja. Al principio nos quejamos de que nadie nos contrata porque tenemos poca experiencia y cuando la tenemos, no nos contratan. En aquellos momentos estaba muy enfadada, pero ahora mismo me alegro de que hicieran lo correcto. ¿Por qué? Porque durante el 2010 me ocurrieron cosas maravillosas. He hecho varios cursos de creación de empresas, he asistido a infinidad de seminarios sobre temas como marketing, internacionalización de empresas o recursos humanos, etc; he conocido a empresas como Motion4Startups o BitStudio y he retomado el contacto con viejos amigos. Me he dado cuenta de que la vida es demasiado corta para no aprovecharla, he descubierto que los traductores hacemos mucha falta y que me encanta explicar la importancia de nuestro trabajo. Y lo mejor: ha nacido un proyecto llamado Skoppos que siempre estará ahí para recordarme que con esfuerzo se puede lograr todo.

Pero la espinita seguía ahí y vaya que si seguía. En noviembre de 2010, un año después del chasco y mientras estaba en Madrid dando una charla sobre localización para desarrolladores web con Recrea, recibí una llamada que me hizo estar un mes y medio en vilo. Tenía la oportunidad de acceder a un puesto en el departamento de localización para la misma empresa para la que llevaba dos años deseando trabajar. ¡No me lo creía! Por un lado, sentía que el destino se reía de mí. Por otro, no quería que me volvieran a decir que no. Supongo que muchas personas habrían puesto su orgullo por delante y más después de todo lo conseguido durante el 2010… Pero soy muy cabezota y todavía quería demostrar(me/les) que podía hacerlo. Así que después de darle algunas vueltas, me convencí a mí misma de que tenía que intentarlo por última vez. Era una oportunidad por la que muchos matarían y si no lo conseguía, cerraría ese capítulo definitivamente.

Pues bien, se ha cumplido eso de “a la tercera va la vencida”. Después de las formalidades de rigor, tras dejarlo prácticamente todo por un sueño, con unos cuantos viajes en avión y una pequeña mudanza, conseguí aquello que llevaba tanto tiempo anhelando: trabajar para el departamento de localización más grande del mundo del sector del entretenimiento.

En breve cumpliré seis meses en la empresa y por fin respiro tranquila. El día en que firmé el contrato me asaltaron millones de dudas y temores. Tenía seis meses para demostrar mi valía y no quería que nada saliese mal. Después de tantos esfuerzos tenía que centrarme en aquello que tanto me había costado conseguir. Y parece que la cosa marcha.

Durante estos seis meses he aprendido muchísimo, he descubierto diferentes formas de hacer las cosas y disfruto cada vez más enfrentándome a nuevos retos.

Con el paso del tiempo espero releer esta entrada y comprobar que sigo teniendo la misma ilusión por mi trabajo. ¡Para fabricar sueños hay que ser un poco soñador!

No quería terminar sin incluir un vídeo que refleja la esencia de esta historia: ¡No hay que dejar de perseguir los sueños! Aviso: no es apto para sensibles. Se me saltan las lágrimas cada vez que lo veo.

Cómo conseguir experiencia como traductores

La experiencia es la madre de la cienciaCuando terminamos nuestro periodo de formación, una de las principales dudas que nos asaltan es:  “¿Cómo consigo que alguien me dé mi primera oportunidad?“. Nos disponemos a realizar nuestro currículo cuando nos damos cuenta de que en el apartado de experiencia profesional no tenemos nada que incluir. Pero gracias a Internet no hay que esperar a terminar la carrera para poder empezar a hacer nuestros pinitos en el mundo de la traducción. Por suerte, y a pesar de la proliferación de los traductores automáticos, los traductores humanos somos necesarios en muchos ámbitos. Y gracias a Internet es posible obtener esa codiciada experiencia mientras estamos estudiando todavía. Todo es cuestión de elegir en qué ámbito queremos especializarnos. A continuación os dejo unos enlaces de lugares en los que es posible colaborar como traductor. ¿Conocéis algún otro enlace interesante?

Traducción técnica, informática y software

Traducción para ONG y proyectos solidarios

Traducción audiovisual

Canal de Facebook deshabilitado (temporalmente, espero)

Desde hace un año nos vienen bombardeando con que las redes sociales son el futuro de la comunicación entre cliente o usuario y empresa o servicio, que fomenta la transparencia, la innovación, el desarrollo tecnológico, etc. Pero, ¿qué pasa cuando la empresa o servicio apoya (como ocurre en la mayoría de casos actualmente), su comunicación con sus clientes o usuarios en servicios de terceros como Facebook o Twitter? ¿Qué ocurre si ese tercero en discordia decide, unilateralmente, desactivar los contenidos publicados y el acceso a las cuentas que  hemos creado?

El pasado viernes dejé de tener acceso a mi cuenta principal en Facebook. Allí, además de mi perfil personal, tenía alojadas varias páginas de “fans”, entre ellas, la de “El Taller del Traductor”. Por desgracia, al ser la administradora única de la página en Facebook de “El Taller del Traductor”, la página no se encuentra disponible. Han desaparecido todos los contenidos que había creado yo en exclusiva.

A pesar de haberme puesto en contacto con Facebook, todavía no sé ni la razón por la cual no tengo acceso a mi cuenta principal, ni si algún día me la reactivarán.

No puedo describir la sensación de impotencia que me invade. La página fue creada en mayo de este año como un canal de comunicación más y se ha convertido en uno de los medios más importantes que utilizo para compartir información útil que no necesita una entrada en el blog. Desde mayo, “El Taller del Traductor” había llegado casi a los 1.000 fans. Quizá alguno se esté preguntando qué ha pasado, pero gracias a la imposibilidad de contar con copias de seguridad, no puedo ponerme en contacto con todas y cada una de esas 1.000 personas.

Todavía sigo batallando por Twitter, pero en España todavía no ha alcanzado la penetración que tiene Facebook. Así que si alguno se quiere subir al carro de Twitter, ¡bienvenido a bordo!

Desde aquí quiero daros las gracias a todos los que estáis al otro lado de la pantalla, ya sea via web, RSS, Twitter o Facebook. Con vuestros comentarios, críticas y apoyos es un placer seguir contribuyendo a la difusión de contenidos relacionados con la traducción.

¡Va por ustedes!

La precariedad en el mundo de la traducción

Hace unos días hablaba con unos compañeros sobre la revolución a la que asistimos estos días en el mundo de la traducción, con empresas tan importantes como Lionbridge intentando dar un giro a su modelo de negocio, lo que ha provocado que muchos de sus colaboradores pongan el grito en el cielo y denuncien públicamente unas condiciones de trabajo que desde hace tiempo consideraban abusivas.

Los comentarios de otros colegas me han hecho reflexionar sobre la relación del traductor con empresas de traducción. Yo aterricé en el mercado hace siete años, con formación universitaria y sin haber escuchado una palabra sobre tarifas, negociación o ventajas competitivas durante el tiempo que estuve en la universidad. A pesar de que el título universitario en Traducción e Interpretación es relativamente reciente, los traductores hemos existido desde siempre, lo que me lleva a pensar qué es lo que tuvieron que hacer para entrar en el mercado los traductores que ahora rondan los 40 y que llevan 20 años traduciendo.

En listas de distribución como Traducción en España he leído mensajes de compañeros que hablan de traducir con máquina de escribir, de WordPerfect o de enviar las traducciones por fax. Algo que a muchos nos parece de otra época. No he leído mucho sobre el marketing que debían hacer los traductores antes de la difusión masiva de Internet, pero supongo que tenían que tocar muchas puertas y enviar muchas cartas comerciales. Sin embargo, a pesar de que la informática, Internet y el uso de herramientas de traducción asistida han facilitado mucho el trabajo y nuestra promoción como profesionales, también han traído consigo una disminución de las barreras de entrada a la profesión. Este hecho, sumado a la proliferación de facultades de Traducción e Interpretación y al gran desfase entre la universidad y el mundo profesional, ha conseguido que cada año tengamos 22 promociones de licenciados en TeI que desconocen el valor de su trabajo.

Los recién licenciados están desmotivados, entre otras cosas, por culpa de un profesorado que no ha traducido jamás a nivel profesional, que desconoce cómo es el día a día de un traductor autónomo, que no ha sido capaz de reciclarse (o que no le interesa) y que no deja de repetir de forma directa o indirecta que de la traducción no se puede vivir. Yo me pregunto a qué viene tanto pesimismo. Muchos se refieren a la traducción literaria, mercado que ya no es el que fue en su momento y que hace años que dejó de ser rentable para muchos por la gran cantidad de traductores dispuestos a dejarse la piel por una miseria y por la poca cantidad de libros que se venden actualmente. Pero, ¿qué hay del resto de las especialidades como la traducción técnica? Parece que en la facultad tiene menos valor traducir un manual de una lavadora que un bestseller. Seamos realistas: estadísticamente las probabilidades de que nos toque traducir el próximo «Código da Vinci» son muy reducidas, ¿eso nos hace peores traductores? ¿Eso implica que no se pueda vivir de la traducción? No. Señores, se puede vivir de la traducción traduciendo manuales de lavadoras. ¿Que no recibo derechos de autor? No me importa. ¿Que no aparece mi nombre? Hace años que dejé de preocuparme por eso.

Lo que sí me preocupa es que los recién licenciados sean tan pesimistas y que nadie les enseñe que el mercado de la traducción se compone mayoritariamente de autónomos, que es más fácil hacerse traductor por cuenta propia que conseguir trabajo como traductor en plantilla y que, a la larga, el esfuerzo y el tiempo dedicados a cultivar una carrera profesional tienen una remuneración mucho mayor por cuenta propia.

Algo que me lleva a otra reflexión: ¿por qué en los planes de estudio de los grados o enseñanzas superiores no hay asignaturas relacionadas con la gestión empresarial y el marketing? ¿Por qué no se evalúan las capacidades comerciales y de gestión de los alumnos de traducción? Los profesores son conscientes de que el mercado se nutre de traductores autónomos y tener una asignatura de este tipo ayudaría a mejorar las condiciones a las que, a menudo, se someten los traductores con poca experiencia.

Un recién licenciado recibe un encargo por parte de una multinacional del sector, le ofrecen 0,03 céntimos por palabra, y el estudiante acepta encantado. Bien porque no sabe valorar su trabajo, bien porque no sabe lo que se cobra habitualmente o, lo que es peor, que cree que si pide más no le darán el trabajo. Se puede hacer bastante para contrarrestar los dos primeros supuestos, ya que están motivados por el desconocimiento, pero rebatir la idea de cobrar menos por el miedo a no recibir el encargo es mucho más difícil. Por eso una asignatura de marketing debería ser obligatoria para los estudiantes de traducción. No tiene que ser muy compleja, con principios básicos bastaría. Por ejemplo:

  • Solo puedes competir en precio, calidad o servicio.
  • Si compites en precio, ten en cuenta que siempre habrá alguien más barato que tú y que en cuanto el cliente lo encuentre, se irá con ese traductor o te pedirá que iguales su oferta. Además, si cobramos poco porque vivimos con nuestros padres y no tenemos muchos gastos, ¿qué haremos al independizarnos?
  • Si compites en servicio como, por ejemplo, ser el más rápido, podrás poner un mayor precio y podrás fidelizar mejor a tus clientes. Si decides ser el más rápido y el más barato, no podrás asegurar la calidad de tu trabajo.
  • Si compites en calidad, atraerás a clientes a los que les importe tu trabajo y podrás gestionar mejor tu tiempo.

Pero, claro, ¿cómo les van a enseñar eso en la facultad si los que tienen que hacerlo lo desconocen? Si las personas que deben motivar a los alumnos para que emprendan, no han emprendido jamás ni han tenido que enfrentarse nunca a cliente, ¿cómo vamos a conseguir que los licenciados en traducción salgan de la facultad con ganas de comerse el mundo y sin dejar que empresas sin escrúpulos se aprovechen de ellos? ¿Acaso podrían tener tanto poder esas empresas si no hubiera tantos licenciados dispuestos a pagar por trabajar?

Hace unos años, cuando se traducía con máquina de escribir, no imagino una situación como la que vivimos actualmente. Si juntamos la explosión tecnológica, el aumento de facultades de TeI y el desconocimiento del mundo empresarial que impera en la carrera, no es de extrañar que se haya producido este descalabro. Me consta que ya hay muchos profesores que fomentan charlas y coloquios con antiguos alumnos como ejemplos de que no es imposible vivir de la traducción, pero creo que no es suficiente. Una tarde de motivación no puede combatir cuatro años de pesimismo constante y de ausencia total de enseñanza sobre el mercado profesional actual de la traducción.